Sé que es difícil de creer, pero acaba de llegar a mi mesa la nueva versión fashion del cuento de Blancanieves. ¿¿Lo mandarán los de la Warner Bros?? Curiosamente ha sufrido ciertos cambios (no hay enanos, ni espejo, ni cazador), pero lo importante sigue ahí… Blancanieves y el principe acaban juntos y viviendo felices para siempre. Eso sí, ¡por el camino son mucho más glamurosos!
¡Al grano entonces! Resulta que en un país muy lejano (en realidad al sur de Alemania, en Neuschwanstein) vivía el bellezón de Blancanieves (ella era de Bilbao, pero su multimillonario padre enviudó y se la llevó a Alemania cuando se topó con un castillo divino).

Y ya sabemos… piel blanca como la nieve, labios rojos como la sangre y pelo negro como el ébano. ¡Muy guapa! Con ella vivía su madrastra (la mala malísima que se casó con el difunto padre de nuestra protagonista sólo por su dinero).
La bruja de ella no tenía poderes en realidad, pero con los modelazos que lucía a diario tenía rendido a sus pies a todo el reino (se rumorea que chantajeaba con ellos a los vecinos). ¡Eso sí!, su cara de puerro la delataba. Era muy mona, pero lo de sonreir no estaba dentro de sus registros:

Y le hacía a Blanqui (la llamaba así la malísima de ella) vestir de Zara a pesar de su fortuna. Nada malo por otra parte, puesto que cualquier cosita le sentaba de miedo:

La pájara de la madrastra hacía semanalmente acudir a su castillo al mismísimo Giorgio Armani, para certificar que ella iba mucho más mona que la ni-mileurista de su hijastra (a la que tenía trabajando en un Primark desde los 18 años por una miseria). Y la muy estratega, se ponía espectacular con uno de los trajes del diseñador para hacerle la pelota. Eso sí, ni por esas quitaba su cara de pocos amigos:

Pero un día nuestra Blanqui se encontró con dos ratones (¿qué es un cuento sin ratones y pajarillos?) que le comentaron que conocían el escondite secreto de los vestidos de alta costura de su madre. Kilos y kilos de glamour y casualmente… ¡de su talla! Para la siguiente visita de Giorgio se puso uno:

Cuando llegó Armani y la vió de Valentino (fall 2004), ni lo dudó. Una nueva belleza había desbancado a la madrastra y sus kits.
Esta no lo pudo soportar, hizo que la despidieran de Primark y la subió en un avión del siglo pasado con destino a una isla super desierta en un mar desconocido.

Estaba claro que este avión no iba a aguantar en el aire mucho tiempo, con lo que Blanqui recurrió a su “Aha aha ah! Aha aha ah!” para que entre todos los pajaritos del mundo sujetaran ese trasto y lo ayudaran aterrizar.
¿Y dónde creéis que aterrizó? ¡En Milán! ¿Y cuándo? ¡En la mismísima Semana de la Moda! Los pajarillos le llevaron a un loft con toda la pinta de estar abandonado.

En él, se encontró con 7 cepillos de dientes, siete kits de productos de belleza, y 7 maletones llenos de ropa de mujer super increíble y zapatos de infarto. ¡No se lo podía creer!
Concluyó que allí vivían 7 mujeres que se pasaban el día de un lado para otro, sin tiempo para comer y arreglar su ropa. Y pensó: si les plancho, lavo y preparo la comida… igual me dejan vivir aquí con ellas… Dicho y hecho, se puso manos a la obra. ¡Chuletones con patatas fritas para todas! No olvidemos que ella es de Bilbao centro.
¿A la 22.00 quiénes creéis que llegaron cantando el “aihop, aihop, a casa a descansar”? ¡Pues las siete nenitas!, que no eran otras que siete modelos, que casualmente eran lo último en las pasarelas de Milan. Sus nombres, siguiendo el esquema de Disney:
Juguetona (por su pelo de click de Famobil). ¡Eran malas!

Recatada

Mocosa

Gruñona

Sabia,

Peleona

Glotona

La “capas”

Efectivamente esta es la octava, pero es que es prima de mocosa y estaba pasando unos días con ella.
Como las nenitas son buena gente, le dejaron a Blanqui quedarse a vivir con ellas. Pero obviamente no se comieron los chuletones y menos las patatas, y por supuesto le cambiaron el nombre por ”Brenda Shu” al considerar que “Blanqui” era de todo menos “chic”. La bondad de las nenitas era tal, que incluso le dejaron que un día les acompañara a uno de sus desfiles así de mona.

Con la mala suerte de que Armani la vio en el backstage y se lo fue a contar a la malísima de la madrastra, soplándole también que la criatura iba ideal de Etro.
La madrastra no pudo con su envidia, por lo que se presentó en Milan vestida de muy mala,

y con su veneno. ¡Que no! No era una manzana roja, porque quedaría terriblemente estúpido, sino con un paquete de cigarrillos “red apple” que le dejó en su mesilla mientras ella no estaba. (Nota en plan culturilla general: esta es la marca de tabaco ficticia que usa Quentin Tarantino en sus películas)

Su plan era lento pero seguro. Blanqui no se iba a poder resistir, y empezaría a fumar. Y… ¡que fumara! Con paciencia ella esperaría al día en que quisiera dejarlo y se regocijaría por el trasero que se le iba a poner. ¡Era mala como el hambre!
Lo que ella no sabía es que Blanqui se había vuelto una más y se había dado a las fiestas y a algún que otro dudoso hábito desde hacía días.

Así que llegó a casa un poco borrachilla y se fumó uno de los ”red apple’s”, con la mala pata de que se quedó dormida con el pitillo en la mano y casi prende toda la casa. Cuando sus “amiguitas”, totalmente perjudicadas también, empezaron a oler a quemado, le regaron entre risas con el extintor para apagar el fuego. Ella se enfadó muchísimo y se fue a llamar a la poli para que encerraran a esas pedorras.
Al día siguiente nadie se despertaba en aquella casa, y un principe, casualmente amigo personal del diseñador del desfile en el que debían participar las nenitas esa mañana, tuvo que personarse en la casa de las informales de las modelos para ver si tenían pensado arruinar el desfile.

Se encontró con que en la puerta había unos 200 animalitos, (en plan reunión de la comunidad de vecinos) discutiendo lo que iban a hacer para re-guiar a Blanqui. No soportaban que ya no cantara y bailara con ellos. Además de lo mal que les parecía que la casa estuviera hecha un desastre y tanta espuma del extintor no les hubiera permitido llenar de flores la cama de la protagonista para que el príncipe se la encontrara divina. ¡¡Qué rebote!!

Un castor forzó la cerradura (o se la comió, no lo especifican) y le dió paso al caballero.
Allí le vió a nuestra protagonista… hecha una penita al lado del teléfono (intentando llamar a la poli):

Aun así la besó, y ella como era de esperar no se despertó. Por suerte él ya se había enamorado de ella el día anterior, con lo que ese día estaba cegado y todo le parecía precioso. Esperó viendo una peli a que la dulce criatura ”durmiera la mona” y esperó su despertar con otro beso y 650 gramos de paracetamol. Ella… como no es de piedra, cayó rendida a sus pies en cuanto se pegó una ducha y se enteró de lo que estaba pasando.
Además, nuestro príncipe, que era un amor, como la ropa de Blanqui estaba hecha una pena tras el incendio, bajó y le compró en un momento un kit monísimo de Balmain para que se pudieran ir felices para siempre a algún sitio más limpio.

Y por el camino a su nueva vida de felicidad, se pasaron a buscar un traje de novia ideal de la muerte para nuestra princesa entre las princesas (muy de su estilo en el cuento original):

No os quiero ni explicar la mala leche que le cantaba a la madrastra. la ansiedad le convirtió en adicta a las gominolas y en un par de meses estaba como una mesa camilla…
Lo que pasó con el resto de las modelos no es tan importante, aunque sí sabemos que Blancanieves seguía enfadada y por supuesto no las despertó. ¡Se dice que las despidieron!
Y llega lo que tiene que llegar… ¡colorín-colorado, este cuento se ha acabado!
Nota importante: por si no lo habéis notado, este es el mismo principe que en su día encandiló a la Cenicienta. Algo debió de irles mal…











