Como ya avisé he tenido el gusto de comer en El Bulli (el restaurante de Ferran Adrià), que por si alguien no lo tiene en su lista de cosas “chic” que hacer, le comunico que lo califican como el mejor restaurante del mundo. Está ubicado en Cala Montjoi (Girona), y se llega por una carretera de esas que te hacen temer por tu vida por sus curvas y su barranco lateral. Eso sí, las vistas quitan el sentido…

Desde que cruzas la primera puerta eres tratada como una reina. Todo el personal es superatento y educado. Lo primero que te invitan a hacer es una visita a la cocina, donde se puede ver lo que se cuece por allí y charlar con Ferran Adrià (que por cierto es encantador y muy hablador). Por supuesto no hay que enfadarse si no te comenta nada de tu atuendo (lo cierto es que ni le va ni le viene, ¿sabes?). Pero no por eso hay que olvidarse de ir re-monísima. El clásico “informal, a la par que ideal de la muerte”.

Después te conducen a tu mesa. Que por una de estas casualidades de la vida era la mejor del restaurante (si es que cuando una nace VIP…, ¡se lo huelen!).

Una vez sentados empieza la fiesta. La mesa es lo primero que sorprende. Muy simple: en blanco inmaculado con un par de jarrones con una rosa roja.
El resto no para de sorprender de inicio a fin. El servicio es impecable. Los 36 platos (sirven tantas cosas y cositas que pierdes la cuenta) son servidos de forma muy dinámica. Nada de esperas interminables entre uno y otro plato, que es algo que en mi mundo se valora mucho (igual soy una rara).
Como en cualquier menú degustación, cada plato viene acompañado de título y explicación. El de El Bulli además, incluye instrucciones de cómo comerlo (que si éste se te escurrirá, éste de dos bocados y luego chupas este otro, éste parece solido pero no, así que no se te ocurra intentar cogerlo con la mano…). Y por si te quedan dudas, siempre hay un par de camareros cerca que te contestan a lo que sea (siempre que no te intereses por sus vidas privadas, lógicamente).
Comentar todos los platos es una locura. Cada uno merece que se hable de su presentación, su sabor, su textura, su temperatura, si lleva efecto sorpresa (explosiones, etc), cómo se comía (aparte de con la boca cerrada)… ¡Esto podría ser interminable! Así que sólo me quedaré con algunos:
-La lulada: Por ser el coctel de bienvenida. Es un coctel servido en un vaso o naranja totalmente vacía, y está hecho del jugo de una fruta tropical muy similar a la naranja. Muy frío, entra de miedo.

- Aceitunas: por ser la primera sorpresa del menú. Parecen aceitunas pero no lo son. Son bolsas finísimas, que cuando te las metes en la boca explotan, convirtiéndose en algo muy similar al jugo de la aceituna. La técnica de creado de estas aceitunas ficticias se llama esferificación (por si a alguien le costaba vivir sin este dato…).

- Brazo de gitano de remolacha y yogur: Es una especie de merengue duro de sabor dulce, que sorprende porque está muy bueno,

pero sobre todo porque le sigue otro plato, gelatina de remolacha y yogur (en la foto de abajo), hecho con los mismos ingredientes pero distinta técnica, y muy complicado de tragar para mi gusto.

- Moshi de gorgonzola: Este se ha ganado su comentario por lo escurridizo y porque en la boca explota dando la sensación de que no ha quedado un rincón sin embadurnar de queso (huecos interdentales incluidos). Una auténtica y riquísima explosión de queso (y eso que el queso no es uno de mis platos estrella).

- Navaja/ laurencia: Si pasas de beber un vaso de agua de mar, pero quieres tener claro a qué sabe el mar…, este es el plato. Es una navaja real (más bien crudilla), acompañada de otra navaja de lo que crees que es gelatina y que en realidad tiene un interior líquido y concentradamente marino. No sé decir si me gustó o no…, lo que sí hizo fue sorprenderme.

- Ortiguilla de mar 2008: Es el único plato que es delito no comentar. Cuando te traen el plato y te lo presentan, lo único que te pasa por la cabeza (en términos básicos) es un ” Pero…, ¡vete a la porra, rey!” (con todos tus respetos por Ferrán y quien te sirve este “manjar”, por supuesto). Es que estamos hablando de una sopa hecha a base de anémonas, sesos de conejo y salsa de ostras. Ferran…, cielote…, ¿qué necesidad había? En su defensa diré que te lo avisan al principio de la comida, por si prefieres que te cambien este plato. Pero en la mía diré, que no es lo mismo que te lo digan cuando estás empezando o cuando llevas 27 platitos de alto riesgo…

- Bizcocho de yogur con melocotón: Porque algún postre hay que destacar… En mi opinión no son lo mejor del menú. Este me pareció curioso por la textura superesponjosa del bizcocho.

En realidad, no es necesario ser tan paleta como yo y sacar foto a todos los platos. Pero si lo haces, luego puedes hacer un collage como este (que te cuesta una burrada y donde no se ve nada), pero que deja bastante claro que has estado allí y no estás contando una de tus historias para no dormir…
(Haz clic en la imagen para agrandar)

Si te has quedado con ganas de ver las fotos en más grande, puedes ir aquí.
Y llegó el momento de dar opiniones:
- Si le preguntan a mi marido, lo comparará conmigo (ni una peguita ;D). Dirá que es toda una fiesta de olores, texturas y sabores. Algunos platos no le gustaron demasiado, pero la gran mayoría sí. Todos le sorprendieron, le parecieron originales y llenos de sabores distintos. La innovación en la cocina llevada a un extremo sobrenatural. Es consciente también de que los platos buenos son buenos en pequeñas cantidades y de ninguno de ellos te podrías comer un plato entero (pero no están para eso).
- Si le preguntan a mi padre dirá que la comida es ¡una castaña! enmarcada en una experiencia muy divertida, que es su forma de decir que “una y no más Santo Tomás” y que se pone del lado de “Santi Santamaria y su polémica“.
- Si le preguntan a mi hermana, probablemente no dirá nada porque bastante tiene con contener las nauseas (la pobrecilla es muy sensible a los cambios de texturas y sabores desconocidos…).
Ya no voy a seguir con el resto de comensales porque había opiniones para todos los gustos…
- Y si me preguntan a mí diré que la experiencia fue única y divertidísima, aunque a la altura del plato 19 el estómago empieza a cansarse de tanta aventura. No recuerdo ningún plato como espectacularmente bueno y sí bastantes como malos. Esperaba algo más balanceado y muchas cosas exquisitas… El restaurante, el servicio y la atención son un 10 total. Yo, en mi ignorancia, no lo calificaría en ningún caso como el mejor restaurante del mundo, aunque sí como el más original, creativo y divertido. De allí te vas lleno (tras 36 platos, ya me dirás…), pero no creo que la misión de la visita sea ir a comer, si no a disfrutar del momento y a pasar 4 horas o más de investigación, sorpresas y risas.
Puedo compartir unas cuantas curiosidades más:
- El precio del menú es 215€ + bebida
- Sirven a 50 comensales diarios y son 55 los trabajadores en la cocina
- El 14 de octubre se puede empezar a reservar (lo mejor es hacerlo por email)… y terminar, porque en un día queda completa la temporada. De todas las reservas el 50% es para los nuevos clientes y el otro 50% para los antiguos clientes y compromisos de Ferrán Adriá. Y aproximadamente un 50% de las reservas es para clientes españoles y otro 50% extranjeros.
- No todas las mesas comen lo mismo (nosotros no debimos de tener mucha suerte con lo que nos tocó). Depende del número de comensales y de la cantidad de cada ingrediente de que dispongan cada día concreto. Todos los productos se seleccionan en función de la calidad, el tamaño y la temporada, con lo que no hay siempre de todo para todos los comensales, como para hacer un menú común.
- Cada temporada se crean 150 platos diferentes. Aunque la gente no suele repetir en una misma temporada, si lo hacen se les cambia totalmente el menú
Dicho todo esto, me falta sólo comentar que El Bulli es una experiencia culinaria única. Que te gusten o no los platos, sus sabores, texturas, olores y apariencia son únicos y ninguno te deja indiferente. Que Ferran Adrià es un maestro de la cocina, además de innovador y creador de un nuevo concepto de restaurante. Que comer en lo que llaman el mejor restaurante del mundo, tiene un punto muy chic, lo sea o no. Que lo bien que te tratan también merece un comentario. Que si a alguien le interesa saber si repetiría, la respuesta es que volvería a ir por primera vez, pero como ya he ido…, no volveré.
¡Y creo que ya!









































