Ya os conté la historia de mi traje novia y hoy os voy a hablar de otra opción que me hubiera servido. Ya que estamos en la época…
Mi teoría sobre los trajes de novia es que deben ser sencillos pero sin dejar al personal indiferente. Que a los invitados les guste o les horrorice, pero que lo comenten durante más de 3 segundos en el desayuno del día después a la boda (es que en mi casa las cosas importantes se comentan en el desayuno…). También me parece importante que la novia lo lleve con naturalidad. Como quien lleva una camiseta y unos vaqueros a comprar el pan. Un “voy espectacular (porque lo sé a ciencia cierta), pero nadie nota que lo sé”. ¡Oye! ¡Cada una tiene sus cosas y sus teorías!
¡Total! Que a mi persona y sus teorías le van de miedo los vestidos de novia de Maria Lluisa Rabell. Pero no de su colección actual, sino de las de años anteriores. Ella tuvo la gran idea de crear unas coleccións a base de tops y faldas (muy originales y fáciles de llevar) combinables entre sí, que a mi juicio era preciosa. Mi hermana y mi prima opinaban igual que yo y llevaron una de estas combinaciones. Y quien mejor que una de ellas para ilustrar lo que digo:
Os presento a mi hermana y a su vestido de novia. ¡No me negaréis que la chiquilla (porque sí reina, somos unas chiquillas) tiene planta!

Lleva un top de Chantilly (transparente a rabiar) con una camiseta de zara convertida en palabra de honor debajo, y una falda hecha a base de capas desiguales de tejido “tipo vendaje” (siento no saber como se llama). Es importante decir que la boda era en un cortijo y el vestido iba de lujo con el entorno.
Y vuelvo a Maria Lluisa Rabell. He preparado un batiburrillo de varias de sus colecciones pasadas, que creo que refleja la idea del vestido que yo podría llevar a mi boda sin traicionar mis principios nupciales:



¿Qué te parecen? ¿Llevarías alguno? ¿Tú tienes teorías sobre los vestidos de novia?
Nota: ¡Os recuerdo que hay un concurso en marcha!












